Sobre la vida sexual de Tintin

Tintin-Jan

 

El hecho de que las grandes figuras de nuestro mundo puedan tener una vida sexual, tiene un solo objetivo: convertirlos en más humanos y bajarlos del pedestal en que se encuentran.

Comprendo que esto les moleste, pues toda su vida han estado escondiendo su sexualidad para poder situarse por encima de los demás y convertirse poco menos que en mitos.

Con el fin de asentarse en las “alturas” deben distanciarse del común de los mortales, apareciendo ante los ojos de todos como puros, sin mácula y sobre todo, sin sexo.

Esta serie sólo pretende descubrir vicios, traiciones, mezquindades y la vida sexual de esos ídolos.

Muchos se preguntarán el por qué encabezar la serie con la figura de Tintin; este es el mejor representante de la mitología belga; es el héroe perfecto y tonto. No tiene padres, tampoco posee un pasado ni un futuro y además, no tiene sexualidad, siendo así un ser fácilmente maleable.

Es así como el antisemitismo, el racismo, el oportunismo y el espíritu colaboracionista de su creador Hergé, quedan bien patentes en sus aventuras “normales”.

La vida sexual de Tintin es un cambio saludable. Es evidente que ponerle sexo a Tintin es romper con las reglas de la diversión burguesa. Es denunciar a los creadores de esos ídolos que se mofan de nosotros y demostrar que los hombres, como los perros, son todos hermanos, siendo el sexo algo nada vulgar. Lo vulgar son las ciudades dormitorio, las torres despacho, las autopistas que revientan, las casas apareadas en la costa, las cortadoras de césped, los seguros de vida, la viuda de Hergé sumergida en caviar, los Van Gogh a mil millones, los árboles de navidad de plástico, los muebles de diseño, los centros comerciales con parking subterráneo, los seminarios de estudio sobre encuestas de opinión, la cultura subvencionada, las rebajas, los paquetes de regalo y sobre todo, las aventuras de Tintin, amable rubiales de ojos azules que combate al malo de turno que es moreno, de pelo ensortijado y nariz granducha, perfecto modelo hinchable al servicio del prêt-à-porter publicitario; eterno aire juvenil de línea clara y límpida.

Lo falso no es más que un instante de lo verdadero, decía Hegel. He aquí un falso Tintin, en una aventura verdadera.

 

Jan Bucquoy

Bruselas, marzo de 1992.